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LAS HURDES EN LA ANTÁRTIDA.

La revista "Imagen Extremadura" publica un reportaje sobre los investigadores extremeños en La Antártida.

30/01/2008

" Colocar estos carteles con el  lugar de procedencia de los investigadores o militares es una tradición y, a partir de 1988, cuando España inició las expediciones a La Antártida, muchos de estos rótulos han indicado el camino a Extremadura desde las islas Decepción y Livisgston, donde se encuentran las bases españolas.
No en vano, una veintena de investigadores extremeños (matemáticos, físicos o meteorólogos, en su mayoría de la Universidad de Extremadura) se han sumado en esto, casi 20 años de aventura austral, al millar de científicos de veinte países que escudriñan las heladas latitudes.
El primero de todos fue el meteorólogo Adolfo Marroquín, director del Centro Meteorológico de Extremadura, en 1988. Su cometido era analizar condiciones y variaciones climáticas y del nivel de ozono. Marroquín todavía recuerda los silencios antárticos.  "Sólo el sonido sordo de la caída de las paredes glaciares rompe esa paz que no hay en ningún otro lugar", explica. Reconoce que para los científicos es "algo excepcional" hacer mediciones en esa "plataforma irreproducible a nivel de laboratorio" que es para todos La Antártida. Aunque las condiciones para la recogida de datos sean "duras", no tanto por las  temperaturas extremas sino por "la sensación de aislamiento", afirma el matemático Mariano Rodríguez-Arias, que limita las posibilidades de evacuación en caso de enfermedad o accidente, todos coinciden en reseñar el significado de participar en estos proyectos. "Es una oportunidad muy importante, ya que el número de científicos que pueden acudir es limitado", corrobora el físico Antonio Baeza. José Agustín García, también físico, va más allá de la "intensa" experiencia profesional y personal y valora que esta participación en las campañas antárticas "avala el nivel de los investigadores extremeños". "Indica que no somos los últimos de la fila y que los proyectos que salen de aquí son competitivos, lo que es un orgullo", asegura Baeza.
Las investigaciones sólo se realizan en campañas anuales durante el verano austral, de diciembre a marzo. Durante estos meses, los científicos españoles, una docena como máximo, conviven con personal  militar en módulos contenedores que forman las dos bases españolas sin más compañía que la de pingüinos, focos o lobos marinos.
La población más cercana las bases se encuentra a unos 1000 Km. "Es un mundo muy especial que te rompe todos los esquemas occidentales. Allí el hombre sólo es otro bicho con un plumaje diferente", destaca Baeza. Analizar el comportamiento animal de la zona, el del suelo congelado -útil para la planificación de obras civiles en zonas con hielo o para estudiar el efecto invernadero-, el intercambio de energía entre el suelo y la atmósfera, o hasta medir la radiactividad que sembraron la bombas atómicas de la II Guerra Mundial, han sido algunas de las tareas de los científicos extremeños.
"Se tardan años en sacar datos a largo plazo", afirma Rodríguez-Arias. Así que parece que la presencia extremeña en La Antártida apenas acaba de empezar. José Agustín García volverá en breve. Ya tiene los billetes comprados: será su tercera aventura austral. Los físicos Antonio Serrano Pérez y María Luisa Cancillo recogen actualmente datos sobre los efectos sísmicos en la volcánica isla Decepción. Mariano Rodríguez los relevará en unas semanas. El tótem de La Antártida no dejará de apuntar a Extremadura.

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